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Neumonía: causas, síntomas, tratamiento y prevención

Neumonía: causas, síntomas, tratamiento y prevención


La neumonía es una enfermedad común que afecta a millones de personas en el mundo todos los años. En la siguiente nota te contamos las causas de esta enfermedad, los factores de riesgo, los síntomas más comunes, cuál es el diagnóstico y tratamiento a seguir, y cómo prevenirla. Todo lo que tenés que saber.

Causas

Pueden causarla microbios llamados bacterias, virus y hongos. En los adultos, las bacterias son la causa más común de neumonía.

  1. Las bacterias y virus que habitualmente viven en la nariz, los senos paranasales o la boca pueden propagarse a los pulmones.
  2. Estos microbios pueden ser inhalados directamente hacia los pulmones.
  3. Inhalación de alimentos, líquidos, vómitos o secreciones desde la boca hacia los pulmones.

Tipos de microbios

  • El tipo más común de bacteria es el Streptococcus pneumoniae (neumococo).
  • La neumonía atípica es causada por otras bacterias. Legionella pneumophila, Mycoplasma pneumoniae y Chlamydophila pneumoniae.
  • Los virus, como el de la gripe, también son una causa común de neumonía.

Factores de riesgo

  • Enfermedad pulmonar crónica (EPOC, bronquiectasia, fibrosis quística).
  • Tabaquismo.
  • Demencia, accidente cerebrovascular, lesión cerebral, parálisis cerebral u otros trastornos cerebrales.
  • Problemas del sistema inmunitario (durante un tratamiento para el cáncer o debido a VIH/SIDA o trasplante de órganos).
  • Otras enfermedades graves, tales como cardiopatía, cirrosishepática o diabetes mellitus.
  • Cirugía o traumatismo reciente.
  • Cirugía para tratar cáncer de la boca, la garganta o el cuello.

Síntomas

  • Tos (con algunas neumonías se puede expectorar una mucosidad amarillenta o verdosa o incluso moco con sangre).
  • Fiebre que puede ser baja o alta.
  • Escalofríos con temblores.
  • Dificultad para respirar (puede únicamente ocurrir cuando se suben escaleras o se realizan esfuerzos).
  • Confusión, especialmente en las personas de mayor edad.
  • Sudoración excesiva y piel pegajosa.
  • Dolor de cabeza.
  • Inapetencia, baja energía y fatiga.
  • Malestar general.
  • Dolor torácico agudo o punzante que empeora cuando se respira profundamente o se tose.

Diagnóstico y tratamiento

El diagnóstico de la neumonía, más allá del examen físico, generalmente, requiere una radiografía de tórax. En ocasiones hacen falta otras pruebas para ver el tipo de gérmenes y el tipo de severidad.

Tras el diagnóstico debe empezarse el tratamiento con la menor brevedad posible.

En los casos más leves no es necesario el ingreso hospitalario, pero en casos más severos, bien por la condición del paciente que lo tiene o la gravedad de la neumonía o la situación incluso social, puede ser necesario el ingreso hospitalario.

El tratamiento de las neumonías bacterianas es a base de fármacos antibióticos. Hay una diversidad muy importante de antibióticos y la decisión del tipo de antibiótico depende del germen que se sospecha, la gravedad de la neumonía y las características del enfermo.

En la mayoría de los casos, no es necesario buscar el germen causante, salvo que se trate de una neumonía grave o no responda al tratamiento. En estos casos, puede ser necesario realizar técnicas diagnósticas, como cultivo de muestras respiratorias o de sangre, broncoscopia, serología o punción pulmonar.

Si existen factores de gravedad, debe hacerse un ingreso hospitalario e iniciar tratamiento intravenoso con antibióticos y otros medicamentos que puedan requerirse.

Prevención

Hay pocas medidas para evitar la aparición de una neumonía. Puesto que muchas de ellas comienzan tras un proceso viral o gripal, la vacunación anual antigripal es recomendable en todas aquellas personas con mayor riesgo (mayores de 65 años, enfermedades bronquiales o pulmonares crónicas, enfermedades renales, cardiacas o hepáticas crónicas).

Asimismo, la vacunación con vacuna antineumocócica evita la aparición de neumonías con bacteriemia causadas por neumococo. Su uso es recomendable en personas mayores de 65 años o mayores de 2 años con enfermedad cardiovascular o pulmonar crónica, alcoholismo, enfermedad hepática crónica, ausencia de bazo por cirugía o traumatismo, o pérdidas de líquido cefalorraquídeo, así como personas con inmunodeficiencias, cáncer generalizado, insuficiencia renal crónica o quienes han recibido un trasplante.

Las personas que padecen asma, bronquitis crónica o bronquiectasias deben iniciar tratamiento antibiótico precozmente cuando aparecen síntomas de infección respiratoria, pautado por un médico.